martes, 4 de diciembre de 2007

DETERMINISMO EN LA EDUCACION O LA PROFESIA AUTO CUMPLIDA

DR. NELSON CAMPOS VILLALOBOS

El paradigma en que se mueve la educación nacional indica que la educación mejora si se inyecta más tecnología, más equipamiento, más bibliotecas, mayor capacitación a los maestros, más conexiones a Internet; si disminuye la pobreza, si se establece una reforma. Hay una promesa que debería cumplirse al mejorar las variables señaladas. Y se espera un auto cumplimiento de las promesas. ¿Si esto no es determinismo, qué es?

En filosofía, se asimila la idea del determinismo a la del destino, en la cual todo lo que sucede está de antemano fijado, que hay un encadenamiento entre las causas y los efectos. Desde el punto de vista lógico, determinismo es la doctrina de la certidumbre unívoca de todo acontecimiento, sea físico o social e incluso psicológico. Habría así un mecanicismo causa-efecto en educación y por lo mismo, para el auto cumplimiento de sus promesas hay que realizar determinadas tareas, como establecer un poderoso Ministerio de Educación, fijar un porcentaje del PIB como inversión anual y desarrollar una normativa en todo el sistema en que el Estado actúa como vigilante y regulador para asegurar que las promesas se cumplan. El Estado propone las hipótesis educacionales y ellas descienden desde el olimpo autoritario hasta la sala de clases, donde se espera que se cumplan las esperanzas. Si no se cumplen o se cumplen a medias, entonces no han fallado las ideas de la burocracia educacional, sino que ha fallado la escuela o se busca otra causa que sea efectista e imposible de verificar.

El determinismo en educación supone que existe una fuerza dirigida a producir un efecto, como mejorar la calidad de la enseñanza, o aumentar la cobertura de la enseñanza o mejorar la desigualdad que se da entre las diversas clases sociales. El resultado esperado es fruto de la política educacional imperante, como el haber dado acceso a Internet a la gran mayoría de las escuelas, haber desarrollado un sistema de calificación y premios para los maestros más competentes, que son los que obtienen mejores resultados en el aula; haber enviado a miles de profesores a realizar pasantías en el extranjero etc. Es una especie de optimismo causa-efecto que se expresa en confusas políticas educacionales, algunas muy llamativas e ingenuas, como promover la enseñanza del chino mandarín siguiendo inspiraciones o visiones futuristas.

Examinemos algunos ejemplos del determinismo. Bajo esa línea de pensamiento se interpreta el resultado de las pruebas SIMCE como cuando se indica que el bajo resultado es producto de una falla de la enseñanza que se da en las escuelas del sistema público, cuya causa está en las metodologías aplicadas y en la falta de calidad en la formación de los maestros. No se espera que haya otras causales más directas, no previstas por los expertos del Ministerio de Educación. Al fallar el determinismo causa-efecto, como no hay investigaciones en sentido contrario, se tratará de mejorar la situación con una lectura diferente de los datos, como usar falacias lógicas. Por ejemplo, los datos SIMCE 2003 demostraron que no hubo un aumento significativamente válido en la década; la autoridad entonces señala que en verdad hubo un pequeño aumento, que indica que vamos por el buen camino. Se insiste en continuar igual, esperando que las predicciones se ajusten al determinismo mecánico en los próximos años.

El problema práctico con el determinismo es que resulta imposible probar lógicamente que no existe, por lo que la evaluación debe considerar siempre la existencia de variables extrañas que expliquen los resultados o hipótesis que se han formulado. Se entiende mejor la idea si consideramos que las objeciones que se hacen también son deterministas –estaban presentes- desde antes que se diseñaran las políticas en análisis. En el siglo XIX y XX, se confió en el determinismo porque parecía ser una verdad , como en la física, en que los modelos causales se podían medir, comparar y repetir la experiencias, pero pronto la física cuántica echó por tierra la infalibilidad causa-efecto y dio origen al concepto de la indeterminación. En educación, la complejidad de las variable que interactúan hacen que la posición filosófica y práctica, para buscar explicaciones, sea ahora más bien indeterminista.

En el determinismo que criticamos, las causales y las consecuencias en verdad no actúan en una relación lineal y unívoca, siguiendo las variables que se propusieron al comienzo de las políticas educacionales pre fijadas, formuladas con cierto dejo de irreversibilidad, como sucede con la conocida flecha del tiempo de los físicos teóricos. Sin embargo, la realidad educacional es multicausal y si no se miden los efectos residuales, ¿Cómo tener la certeza de qué originó en realidad las consecuencias? Por ejemplo, pueden afectar aspectos no considerados en las evaluaciones, como el desgano de los profesores ante la autoridad y sus promesas, el aburrimiento de los alumnos; factores emocionales como el stress ante la evaluación y los temores derivados, situaciones políticas internas y externas, etc. Como señala Mario Bunge, (1971) la fiabilidad de la previsión tecnológica no resulta siempre conseguible, porque falta una teoría adecuada en la cual se sustente, o porque aparecen variaciones casuales de factores no controlados.

A diferencia de esta postura, las teorías indeterministas sugieren que como nada está predeterminado, hay que evaluar continuamente las hipótesis y someter a prueba constante todo el andamiaje teórico causa-efecto, midiendo cuidadosamente el efecto de cada variable encontrada, de manera de conocer el o los efectos residuales que expliquen los resultados educacionales medidos. En los tests aplicados, la estandarización debe ser regional e incluso comunal, porque deberíamos, por ejemplo, conocer el vocabulario básico por edades que emplean los niños, de manera de asegurarnos que las palabras empleadas son conocidas por todos los sujetos del universo en estudio. De otra forma, si dejamos de lado los aspectos de lenguaje comprensivo, si desconocemos la hermenéutica que subyace en el pensamiento formal de los niños, ¿Qué estamos midiendo? Desconozco la existencia de un diccionario que reúna las palabras conocidas por los niños chilenos por grado de enseñanza. Podemos ampliar las ideas sobre las dificultades de la predicción en educación refiriéndonos a la forma en que estudian a América Latina los organismos internacionales, que suelen agrupar para sus estudios a los distintos países en subregiones geográficas, reuniendo a países que no tienen mucha relación entre sí, porque hay diferencias climáticas, de mayor o menor riqueza , de distinta génesis histórica y no se dan cuenta que esta misma diversidad los aleja del correcto tratamiento en el análisis cuantitativo y cualitativo educacional. Algo parecido ocurre cuando en Chile tratamos de estudiar las pruebas SIMCE como un todo, olvidando que el país posee tal diversidad que toda semejanza entre las regiones es solamente superficial. ¿Pueden extrañarnos las diferencias encontradas en los resultados de los tests nacionales? Para obviar el problema del determinismo causal interesaría aplicar nuevos conceptos, como la lógica difusa que en lugar de ser dicotómica incorpora criterios múltiples para la toma de decisiones y análisis de casos.

LIBERTAD EN EDUCACION

DR. NELSON CAMPOS VILLALOBOS


El término libertad viene del vocablo latino liber, en el sentido de la facultad de obrar y de no obrar y en el entendido que es la facultad de hacer y decir lo que sea lícito. Como señala Ferrater Mora (1994:2135-2136) este concepto ha sido usado de diversas maneras y en muy diversos contextos, de modo que es un término complejo, por ejemplo, dice Ferrater, se le ha entendido como posibilidad de autodeterminación; como posibilidad de elección; como acto voluntario; como espontaneidad; como margen de indeterminación, como ausencia de interferencia; como liberación frente a algo; como liberación para algo; como realización de una necesidad. Para Santo Tomás, no es posible la libertad sin moral porque la naturaleza humana se inclina naturalmente hacia el bien; muchos son los bienes que se presentan a la voluntad, pero el hombre se mantendrá libre en cuanto a ellos porque tiene una tendencia hacia el bien universal, que sobrepasa a todo lo que es parcial o que es limitado.
Hobbes (1588-1679) publicó en 1648 Leviathan, obra en que encontramos un admirable párrafo relativo al tema que estudiamos: (1548, 1998:106) en que señala: Por libertad se entiende, de acuerdo con el significado propio de la palabra, la ausencia de impedimentos externos, impedimentos que con frecuencia reducen parte del poder que un hombre tiene de hacer lo que quiere; pero no pueden impedirle que use el poder que le resta, de acuerdo con lo que su juicio y razón le dicten.
Desde una hermenéutica libertaria, Hobbes nos dice que aún el hombre más privado de libertad, como un esclavo, aún conservará la libertad de pensar, aún será libre en su interioridad. Después de Hobbes la discusión sobre la libertad, sus bienes y sus males, no encontrará una mejor expresión, sino hasta el advenimiento del siglo XVIII. Efectivamente, el concepto amplio de libertad humana no toma forma en la conciencia de la humanidad sino hasta la Revolución Francesa, pues en esa época aún existía la esclavitud en muchas partes del mundo. En el siglo XIX, cuando la esclavitud tiende a desaparecer del mundo civilizado, las libertades se refieren a variadas otras esferas de la conducta humana, como la religión, la política, el arte y los derechos humanos en general. Para el filósofo español Pelayo García Sierra, Los diversos conceptos mundanos, académicos del término libertad constituyen una constelación muy oscura, una nebulosa. De todas maneras, la idea de libertad es uno de los conceptos más potentes, más discutidos y más controversiales que se pueda encontrar en el amplio vocabulario de la humanidad y por lo mismo no es fácil de exponer y menos de llevar esta discusión al ámbito educacional sin pasar también por el político, el social y el religioso. Desde la epistemología, para muchos filósofos, la libertad puede entenderse como el dilema entre ser libres o no respecto de nuestra propia naturaleza humana o de ser o no libres frente a otros individuos. Para Hobbes (1588-1679), la libertad es la situación en la cual un hombre no es impedido o restringido por otros. Para Kant, es la capacidad de los seres racionales para determinarse a obrar según leyes de otra índole que las naturales, esto es, según leyes que son dadas por su propia razón; liber­tad equivale a autonomía de la voluntad. Kant expresa que La razón teórica no puede demostrar la existencia de la libertad pues solo es capaz de alcanzar el mundo de los fenómenos, mundo en el que todo está sometido a la ley de causalidad, y por lo tanto en el que todo ocurre por necesidad natural. Desde la perspectiva de la razón práctica, y si queremos entender la experiencia moral, cabe la defensa de la existencia de la libertad: si en sus acciones las personas están determinadas por causas naturales, es decir si carecen de libertad, no podemos atribuirles responsabilidad, ni es posible la conducta moral; de este modo, la libertad es la ratio essendi (la condición de la posibilidad) de la moralidad, a la vez que la moralidad es la ratio cognoscendi (lo que nos muestra o da noticia) de la libertad. Un viejo dilema, entre el determinismo versus el libre albedrío, es resuelto impecablemente con la argumentación Kantiana de esa autonomía de la voluntad. Señala Kant que todo obrar por un orden conocido previamente resuelta incompatible con lo que llama la espontánea libertad de la voluntad al encausar nuestra conducta en una dirección determinada. La existencia de la voluntad humana no admite un orden fijo y trascendente de realidades predeterminadas; ella es el verdadero Yo del Ser. En la confrontación sale triunfante el libre albedrío.
Jean Paul Sartre (1905-1980) opinaba que estamos condenados a ser libres, pues no podemos escapar al designio existencial de escoger entre una o más opciones, porque disponemos de un espíritu sometido a la responsabilidad emanada del libre albedrío, o sea, de la capacidad únicamente humana de escoger entre el bien y el mal, entre lo bueno y lo malo, lo imperfecto y lo perfecto y así siempre, en una infelicidad perpetua. Es el costo de la libertad para pensar. La idea subyacente es que solamente hay libertad cuando un hombre no es restringido o impedido de hacer su voluntad por los otros. Hay un deseo de que nos dejen en paz y tranquilidad para planear, expresar y realizar nuestras metas. Las obstrucciones a la libertad pueden venir de las leyes –que generalmente son restrictivas de alguna libertad- o de otras personas. Por su parte, Bunge (2002:261) entiende que la libertad es la de ser lo que uno desee ser, a condición de que ese intento ni implique una carga para la sociedad y no viole los valores básicos de los otros.
Ferrater Mora (1994:2136-2137):, con su reconocida rigurosidad conceptual y pertinencia en el manejo de las palabras, señala que la libertad, en un sentido primario, para los griegos tenía tres acepciones :
1. Libertad natural: sería la posibilidad de sustraerse, al menos parcialmente, a un órden cósmico predeterminado e invariable; es una especie de libertad ante el destino
2. Libertad social o política: equivale al concepto de autonomía o independencia en el actuar, como cuando las naciones escogen su propio destino 3. Libertad personal: es la siendo también autonomía e independencia, se entiende como posibilidad de actuar en forma independiente de las coacciones provenientes de la propia comunidad, creando su propio estado de libertad separado de esa comunidad pero actuando dentro de la ley, en una elección personal.
Como puede verse, en los tres tipos o estados de libertad está el germen de las concepciones religiosas, políticas e individuales que han llegado hasta la modernidad.

También la libertad puede entenderse desde dos vertientes:
1. La libertad interna, que es el libre albedrío, en que nuestra voluntad es soberana y por lo mismo sujeta a la responsabilidad de nuestra elección ante las muchas posibilidades que, en cada caso particular posee el ser humano. Esta libertad no se debe transar porque nadie ni nada pueden torcerla si no queremos hacerlo. Y si nos obligan, entonces ni en ese caso la hemos perdido porque la responsabilidad ya no será nuestra si no de quien tuerce nuestra libertad por la fuerza. 2. La libertad externa, que es la posibilidad de ordenar nuestra vida según lo que determina nuestra voluntad. Ya lo señala Sócrates cuando dice que esa libertad es un bien hermoso y magnífico, lo mismo para el individuo que para el Estado. Esas palabras resuenan bellamente desde hace más de 25 siglos, iluminando a todos los filósofos posteriores, toda vez que el propio Sócrates murió por defender sus principios, entre ellos el de la libertad de pensar.
Desde una primera aproximación epistemológica, el tema de la libertad es tremendamente complejo. Algunos pensadores creen que la ni la pobreza, ni la ignorancia ni la falta de capacidad constituyen per se algún tipo de obstáculo a la libertad (T.W. Moore, 1999:101). Examinaremos esa argumentación que parece interesante. Desde un enfoque práctico, podemos preguntarnos ¿Qué puede restringir nuestra libertad? Y la respuesta es que son muchas las fuentes que impiden el ejercicio de la voluntad soberana, por ejemplo, la escasez de recursos económicos, la falta de habilidades o aptitudes, la presencia de una enfermedad inhabilitante. En cambio la pobreza en sí misma o la ignorancia no restringen la libertad. Examinemos esta aparente paradoja. La libertad, en ese caso particular del estado de pobreza, no es alterada, falta solamente su realización o el uso de ella. En cambio, una dictadura puede limitar seria y efectivamente cualquier espacio de libertad. Entonces, para que exista una restricción es necesario que previamente exista la voluntad y los medios para escoger, lo que no ocurre cuando hay una barrera o fuerza externa, independiente de nuestro albedrío que la impide. Por ejemplo, deseo salir del país, tengo los medios necesarios, pero la policía, por la existencia de una orden judicial me lo impide. La libertad persiste, aún puedo escoger salir en el futuro, pero no puedo hacer uso temporalmente de ella por un asunto de mi propia autonomía personal y si el tribunal diera la orden en contrario, entonces el viaje se realizaría. El tribunal no ha eliminado la libertad, lo que ha impedido es el abandonar el país, lo cual no es lo mismo que decir que nunca podré viajar. Nada ha cambiado respecto al tema libertario. En cambio, si por una orden de un Estado dictatorial no puedo viajar y esa orden es arbitraria, sin una causa racional, independiente de mi actuar y que permanece invariable en el tiempo, ajena de mi voluntad y de los medios de que dispongo, ahora sí hay una externalidad o fuerza que ha eliminado por su voluntad mi libertad de viajar. Es un choque injusto de voluntades. Por su parte Hobbes nos da otro argumento a nuestra idea, cuando en Leviathan señala (1648, 1999: 107): Renunciar a un derecho a cierta cosa es despojarse a sí mismo de la libertad de impedir a otro el beneficio del propio derecho a la cosa en cuestión. En efecto, quien renuncia o abandona su derecho, no da a otro hombre un derecho que el este último no tuviera antes. No hay nada a que un hombre no tenga derecho por naturaleza: solamente se aparta del camino de otro para que éste pueda gozar de su propio derecho original sin obstáculo suyo, y sin impedimento ajeno. Para el post modernismo, la libertad puede ser concebida como un bien político en el que descansan los otros bienes sociales; es anterior a todos los demás bienes, como son la educación, la salud, la previsión social, la religión, toda vez que no afecta la posibilidad de escoger, ¿Cómo expresar entonces los grados de libertad? Para los filósofos de tradición liberal, la libertad se entiende como un acto humano que se debe realizar sin la intervención del Estado y por lo mismo debe reducirse éste a una expresión mínima, pues la sociedad se regularía a través del mercado. (Para una discusión lúcida de este problema, véase el Diccionario de Filosofía Latinoamericana, 2000: 224-226).
Marx tiene una concepción distinta a la mayoría de los filósofos políticos de cualquier época y esta ideología de la libertad tendrá enormes consecuencias para muchos millones de seres humanos que resultaron oprimidos por el peso del Estado en la praxis marxista. Según este teórico, la libertad individual es un mito burgués, es una apariencia puesto que lo que aparece como libre en el ser humano es dependiente de las condiciones materiales de la producción y la consecuencia de la llamada libertad es en realidad la toma de conciencia de las leyes necesarias de la historia y el situarse concientemente en esa dirección. De esta afirmación se desprende que la libertad individual no tiene sentido porque lo que realmente importa es la libertad de toda la especie, de toda la humanidad. ¿Cuándo se logrará, entonces, la plena libertad del género humano? Cuando surja la sociedad comunista, con la consiguiente extinción del Estado y de las clases sociales. Marx hablaba del salto a la libertad cuando se refería al estado hipotético en que se pasaría del socialismo al comunismo pleno. Como puede verse, los valores occidentales de libertad y derechos no tenía sentido en la filosofía marxista, al menos en la parte declarativa o discursiva de los textos.
Una verdad incontrovertible es que la libertad siempre tiene límites. Nadie es libre totalmente. La libertad humana siempre será limitada por la libertad de los demás, porque siempre el hombre estará escogiendo entre una y otra posibilidad y al hacerlo excluye a otras posibilidades. Esa exclusión es el destino de la libertad y nos estaremos siempre limitando a nosotros mismos. Por ejemplo, el amor a los hijos restringe la libertad de los padres de ir donde quieren o hacer lo que quieran en un momento dado. El amor, en toda su grandeza y plenitud nos hace menos libres al depender emocionalmente de otras personas. La libertad se torna, en ese caso, una quimera elusiva, porque nosotros mismos deseamos restringirla. El problema, entonces, surge de cuando los otros quieren, sin nuestro consentimiento, reducir la libertad que deseamos. La vida en sociedad implica necesariamente una reducción voluntaria e involuntaria de toda la libertad que desearíamos no ver afectada. La libertad tiene muchas vertientes, como la personal, la política, la ética y la religiosa. ¿Cómo ser felices si siempre nos estamos limitando a nosotros mismos?
Si la pregunta anterior es pertinente, la respuesta es que siempre estaremos condicionando nuestra libertad y el pronóstico es que a medida que la civilización se haga más reglamentada, cada vez los espacios de libertad serán más restringidos. Veamos un ejemplo: en Chile, el uso de la identificación obligatoria, con un número que se asigna al nacer y que nos acompaña toda nuestra vida, significa que el Estado llega a conocer toda nuestra vida, todo lo que compramos, todo lo que vendemos, donde viajamos y cuanto gastamos, con el interés de que paguemos los impuestos. Hemos cedido nuestra libertad sin darnos cuenta y ahora siempre estaremos esperando que el Estado se entrometa en nuestra vida o pretenda dirigirnos. ¡Si hasta sabe por donde nos desplazamos y a qué hora lo hacemos por las carreteras pagadas¡ Edgar Allan Poe (1809-1849) en The Raven escribió sobre su amor que había muerto: Nameless here forevermore (sin nombre aquí para siempre), pero ahora cualquiera sabe que una persona muerta continúa con su nombre; le llegarán cuentas de teléfono, de luz, de agua por mucho tiempo incluso figurará en la guía de teléfonos por varios meses más y aún años.. No hay libertad ni incluso después de morir.
La libertad va unida a los conceptos de igualdad y de equidad. Para Kant la idea de igualdad está en la base de la libertad de los ciudadanos, que tienen igual derecho a ella y considera que existe una innata igualdad en cada hombre que consiste en su derechos de ser independiente de verse sujeto por otros e nada más de lo que él mismo recíprocamente les sujeta. La libertad puede ser muy amplia, como en las democracias desarrolladas o estar restringida, como en las dictaduras. En Chile, se puede hacer todo aquello que la ley no prohíbe expresamente. Es un concepto legal de libertad, que pone límites a la libertad, pero rebajar la amplitud de ésta requiere que la restricción siga el ordenamiento exigido por la democracia, es decir, necesita el consenso del parlamento. En ese sistema político democrático toda restricción a la libertad es rechazada por los ciudadanos. Lo mismo ocurre en el sistema educacional. Podemos entender que en educación la libertad es importante, pero tratemos de definir qué tipo de libertad es la requerida y encontraremos que es frecuente el mal uso de las correctas acepciones posibles del término. Más bien, hay un abuso del concepto ya sea por ignorancia o por algún interés escondido. El principio del libre albedrío enunciado por Santo Tomás es muy orientador en este sentido. Libertad es simplemente la opción de escoger. Escoger entre ser sabio o ser ignorante; entre ser culto o inculto, entre amar o rechazar el conocimiento; es el poder seleccionar entre una escuela u otra; entre un oficio o una profesión; entre vivir en un determinado lugar geográfico u otro, entre el bien y el mal. Pero en nuestra sociedad resulta evidente que quien tiene realmente libertad es el que cuenta con los recursos económicos para hacerlo. Un niño de la marginalidad económica y social tiene muy pocos grados de libertad; es un prisionero de su realidad, pues no puede escoger. Es un prisionero pues hasta su desplazamiento está limitado a la cuantía de sus recursos, como así mismo hasta la elección de pareja resulta menos libre si se es pobre.
Para algunos pensadores, no es verdad que la educación proporcione más libertad al individuo, sino que más bien ella permite al hombre hacer uso de las libertades en el medio en que se educa, en otras palabras, proporciona una forma aprendida de hacer las cosas que otorga libertad a quien posee determinados conocimientos.
En las diversas civilizaciones, la musulmana es la que tiene una concepción maravillosamente amplia de la libertad. En la ideología político- religiosa del Islam la libertad constituye un artículo de fe, un mandato solemne que viene directamente de Dios. Esta libertad y el derecho a ser libre deviene de cuatro principios fundamentales: Primero, la conciencia del hombre sólo se halla sujeta a Dios, ante quien el hombre es directamente responsable. Segundo, todo ser humano es personalmente responsable de sus actos y obras y sólo él tiene derecho a recoger los frutos de su trabajo. Tercero, Dios ha delegado en el hombre la responsabilidad de decidir por sí mismo y por ello cuenta con libre albedrío. Cuarto, el hombre recibe a través de la educación y de la enseñanza religiosa una guía moral y ética necesaria y suficiente y puede entonces, racionalmente, tomar decisiones responsables y buenas para la comunidad en que vive. En este orden de ideas, el concepto coránico enseña a los creyentes que la libertad es un derecho natural, un don del espíritu, un ordenamiento moral y un deber religioso. Por eso el derecho individual a la libertad es sagrado y la libertad es tan importante como la propia vida. Pero el alcance es que este amplio concepto libertario es esencialmente válido para los musulmanes y no extensible a los que no pertenecen a la religión. Para acceder a la misma libertad el infiel debe aceptar la fe. He citado al Islam porque en él hay una valoración del papel de la educación en la formación ética de la juventud para que a partir de la incorporación de los valores pueda el hombre integrarse válidamente en su comunidad civil y religiosa.
Para la aplicación entre nosotros del concepto de libertad y su extensión filosófica, hay que reconocer que se aplica mejor entre iguales, como lo ha demostrado la historia de la humanidad. La igualdad en los Estados Unidos se ha establecido –no logrado-, desde la mitad del siglo XX, mediante leyes impositivas a favor del respeto a las minorías y severos castigos a los infractores, pero los efectos de la libertad ligados a equidad e igualdad aún no son perfectos para todas las minorías que conforman su población.
El liberalismo, como teoría política y social y más tarde el neoliberalismo con su preocupación por los aspectos económicos, ha centrado la discusión en la importancia de los conceptos de libertad y de igualdad. Pero algunos autores ven con ojos críticos el uso que dan los neoliberales en la práctica, es decir desde los gobiernos, a la igualdad y a la libertad. Velásquez (200:221-223) señala a la letra:
Lo que hasta hoy reporta la experiencia liberal latinoamericana es que esos valores, si bien indudable-mente son de gran importancia para el establecimiento de nuestras propias relaciones sociales, en la realidad no han dejado nunca de servir de fundamento a una racionalidad política que en el fondo lo que permite es sólo la justificación del poder y dominación de las elites en nuestras respectivas sociedades. De ahí que no sea casual que ya desde el siglo pasado el liberalismo en Latinoamérica se haya concebido no como esa edad dorada a la que nos referíamos anteriormente, sino como una época de hierro, como la edad de las oligarquías liberales latinoamericanas. Será la lógica del poder que impusieron e imponen dichas oligarquías lo que las llevará a contradecir en la práctica a la quinta esencia, a la columna vertebral de la doctrina liberal, esto es, al individualismo; pero sobre todo será lo que las llevará a preferir a la fuerza y no a la democracia. Por otro lado, el liberalismo concebido como motor del progreso humano dará pie a la existencia tanto de un radicalismo pragmático como de un romanticismo que verá a través de los intensos como dinámicos procesos de transformación urbana, la principal negación de nuestra identidad. De una identidad que se manifiesta en el tradicionalismo. La fuente del triunfo liberal en Latinoamérica se encuentra, pues, en el triunfo de la ciudad contra el campo. Triunfo que ―paradójicamente― definirá con mucho el carácter antiliberal de nuestras respectivas burguesías. A lo largo del presente siglo la actividad liberal se ha centrado en una lucha intensa consistente ésta tanto en la defensa del Estado de derecho como en la democratización de nuestras sociedades. Los movimientos y acciones encaminados hacia la defensa de las libertades públicas, de resistencia política y de oposición a las violentas dictaduras en Latinoamérica obligan al establecimiento de una valorización critica sobre el importante papel que ha jugado el liberalismo en nuestras respectivas realidades sociales. Como motiva también al establecimiento de toda una refundamentación permanente del propio liberalismo, en particular en estos tiempos en los que al parecer los presupuestos del individualismo que sustenta una economía que todo lo engloba y resuelve a través del mercado, tienden a reducir la democracia liberal a un simple juego de retóricas que para lo que sirven es solamente de nuevo marco de legitimidad de la tecnocracia neoliberal.
Hay dos problemas en cuanto a la libertad. El primero se refiere a las limitaciones a la libertad individual que vienen desde la misma sociedad o de parte de otros individuos o de instituciones. El segundo se refiere a la percepción del sentido de libertad que experimentan las personas en toda cultura o sociedad. No podemos siquiera pensar en una libertad absoluta para nadie. El primer problema es objetivo y el segundo es subjetivo, por lo cual es más fácil ponderar el primero. Veamos un ejemplo: el Estado trata, en forma impositiva de velar por los contenidos mínimos que debe entregar la escuela a los alumnos. Esto se hace para lograr la identificación con la nacionalidad y con los valores llamados nacionales. Esto es justo y necesario. Pero a su vez las escuelas quieren tener algún grado de libertad para enseñar los contenidos que consideran relevantes, por un asunto cultural, religioso o político, para sus sostenedores. Ambas posiciones chocan con la libertad del otro, ambas posiciones quieren su libertad –uno para coartar, el otro para hacer lo deseado- y surgirá tarde o temprano el conflicto de intereses. El grado de cumplimiento de la exigencia es mensurable, no así el sentimiento de malestar de parte de las escuelas o de la comunidad escolar. De todas maneras, cuando el Estado fija los contenidos mínimos está violentando la voluntad y la libertad de quienes nos dedicamos a la enseñanza, pues el problema vuelve a resurgir con fuerza: ¿Quién tiene derecho a fijar los contenidos de la enseñanza? ¿Son los padres de familia en su condición de apoderados; o los maestros, o se requiere el consenso de todos los participantes en el proceso educacional? Quizás no sea de ninguna manera torpe la idea de incluir a los padres en los consejos administrativos de las escuelas y liceos del país. Mejoraría sin duda la democratización de la conducción de los procesos de enseñanza-aprendizaje, como ocurre en otros países, entre ellos Estados Unidos.
Entre nosotros, el 30 por ciento de los estudiantes de primer año de universidad deserta. Esto nos indica que ese porcentaje de jóvenes ha tenido la libertad para acceder a las carreras escogidas libremente, pero al parecer han carecido de las aptitudes necesarias para aprobar las exigencias en un ambiente más severo y exigente que en la educación media en que se formaron sus hábitos y disciplina de estudio. Ellos han usado su libertad pero talvez no debieran haber ingresado a ese nivel de la educación superior. Habría sido mejor para ellos y sus familias que el gasto en dinero, tiempo y dedicación se hubiese empleado en un nivel en que se asegurara un rendimiento adecuado para aprobar, por ejemplo, una carrera técnica. Lo anterior demuestra que no toda libertad en educación es valiosa en sí misma, pues habría libertades que no van acompañadas de un logro ventajoso para el individuo o para la comunidad. Pero si existe la opción para escoger, piensan algunos expertos, ¿Por qué impedirlo? La opción social sería restringir el acceso a la universidad de tal manera que solamente quienes puedan asegurar el éxito académico ingresen a ese nivel. Pero también otros pueden alegar que no solamente las habilidades académicas aseguran un buen rendimiento en la universidad, pues hay muchas veces detrás de todo fracaso otros factores, como emocionales, amorosos, económicos, de inmadurez del joven, de mala orientación vocacional que también influyen y en forma poderosa en el fracaso. Para otros, es necesario que la mayor cantidad posible de jóvenes entre los 18 y los 25 años de edad estén estudiando lo que sea en las universidades, porque de otra manera estarían presionando por lugares de trabajo, aumentando los índices de cesantía y afectando la imagen del logro político y económico de los gobiernos que desean continuar en el poder a través de quienes los apoyan por supuestos logros. Si el análisis es correcto, escondiendo el problema de la cesantía juvenil no es aceptable para el bien común, porque se está aumentando la mas de egresados de carreras de educación superior que no tienen un lugar en la economía del país y más arde o más temprano, presionarán a los gobiernos por el derecho a trabajar. Finalmente, desde un punto de vista de filosofía práctica, cotidiana, la libertad solamente es posible cuando hay alternativas reales que seguir, sin coacción y sin impedimento alguno.

EQUIDAD Y EDUCACION

DR. NELSON CAMPOS VILLALOBOS

Cuando se leen trabajos referidos a equidad, se puede apreciar que los autores suelen emplear conceptos distintos aún cuando emplean las mismas palabras; lo mismo ocurre en la discusión pedagógica por lo que vale la pena clarificar lo que cada experto considera equidad. Muchas veces el debate político en torno a la equidad parece estéril y confuso simplemente porque los interlocutores no se han puesto de acuerdo primero en el sentido de lo que entiende cada uno por ese término. Por ello insistimos en la necesidad de la precisión conceptual y nos alargaremos en la búsqueda del correcto sentido de las palabras.
Desde el punto de vista histórico, la equidad es un concepto ya conocido por los juristas romanos, quienes adaptaron la ley a la regulación de los intereses sociales y que debía defender el sistema jurídico. Posteriormente, la idea de equidad pasa del derecho a la filosofía y de ahí a la política moderna, especialmente en la ideología contractualista de la que Ralws ha pasado a ser un líder reconocido y respetado.
La equidad es un concepto diferente en algunos aspectos y similar en otros al de igualdad, y contiene algunos elementos semánticos parecidos. La equidad busca restablecer la justicia en condiciones de desigualdad y por supuesto de diversidad. Veamos un ejemplo de equidad en relación a la carga tributaria de las personas: Hablamos de equidad cuando el Estado determina cómo se distribuye la obligación tributaria entre los contribuyentes, de acuerdo con el monto de sus ingresos. Aquí la equidad se relaciona con igualdad de deberes ante igualdad de ingresos. Hay equidad horizontal cuando dos personas que han obtenido los mismos ingresos, tributan exactamente la misma cantidad. Hay equidad vertical cuando habiendo diferencia de ingresos, pagan más impuesto quienes ganan más. En este último caso, es equitativo que quien gana más, pague más. Como se ve, hay un elemento fuerte de justicia en el concepto en estudio. La problemática más evidente surge porque no hay forma de conciliar los intereses del Estado con los intereses de los particulares, sobre todo si no existe solidaridad.
Una definición aceptable de equidad es considerarla como una virtud que consiste en no favorecer en el trato a unos perjudicando al resto. Desde un punto de vista axiológico, la equidad es una virtud porque todo el quehacer humano y todos sus logros se dan en unión con otras personas y entonces surge la necesidad de que ese interactuar que beneficia más a algunos y que forma una brecha entre quienes tienen más y los que casi nada tienen, se haga cada vez menor. El único factor que puede reducir más la diferencia, es sin duda alguna la solidaridad, como argumentamos anteriormente.
En la hermenéutica de la equidad, la idea oculta es que no hay una igualdad posible por la evidente diversidad del ser humano, por eso, para que sea justa la distribución de los bienes sociales hay que tomar en cuenta los casos particulares y obrar en función del individuo que tiene más necesidades, de manera tal que se establece una diferencia que es justa. Si hay solidaridad, la distinta distribución de los bienes se ve como una virtud y no como una imposición que perjudica más a algunos.
Para Nilo (1999) La equidad se refiere al uso de recursos públicos para redistribuirlos con el propósito de dar satisfacción a necesidades humanas dispares. Desde un punto de vista económico se la entiende como la obligación del estado de proveer igualdad de oportunidades.
Para UNESCO, en un documento de 2002, equidad implica educar de acuerdo a las diferencias y necesidades individuales, sin que las condiciones económicas, demográficas, geográficas, éticas o de género supongan un impedimento al aprendizaje.
Por mi parte, considero que la equidad se refiere al trato diferenciado que para suprimir la injusticia se aplica a los individuos y tiene por eso una parte de justicia distributiva. Por ejemplo, no es equitativo dar pasaje escolar a los más ricos pues ellos tienen dinero suficiente; lo que es equitativo es darles a todos los más pobres el acceso como estudiantes al pasaje liberado en la locomoción porque ellos no tienen recursos suficientes. También sería equitativo que los jubilados pagasen menos o estuviesen exentos del impuesto territorial debido a que las pensiones son bajas y estas personas gastan una proporción mayor de sus ingresos que los más jóvenes en problemas de salud y la adquisición de medicamentos. En otro ejemplo, no es equitativo subvencionar universalmente los combustibles como la gasolina porque en ese caso los más ricos también obtienen un beneficio que no necesitan pero que los favorece en desmedro de otras ventajas que podrían recibir los pobres con ese dinero. Reconocer las diferencias individuales socioeconómicas desfavorables para corregirlas es un problema de equidad. La igualdad en cambio es un derecho que no admite discusión pues hacerlo sería inmoral. Por ejemplo, la igualdad racial es un derecho de las minorías y cualquiera que sea racista comete una falta grave a la moral social. En cambio, equidad implica dar a todos los miembros de las mayorías y de minorías un trato semejante, de manera de no acentuar las diferencias. Así, todos los niños tienen iguales derechos en la comunidad y ésta les debe un trato igualitario, pero que podría ser diferente si estamos ante minusválidos, que requerirían mayor atención que un niño común en igualdad de condiciones pues no pueden los primeros valerse por sí solos al igual que los segundos. Equidad significa entonces procurar el acceso a la educación a todos por igual, pero cuidando la calidad de ella para que no sea desigual en cantidad, acceso y calidad.
Según Sergio Nilo (1999) la equidad educacional tiene diversas connotaciones según sea la concepción que tenga el Estado del sistema educativo. Este autor señala que para el que llama Estado Docentista la equidad se entiende como una provisión homogénea de educación. Para el Estado Democrático-emergente, sería la provisión educativa sensible a la diversidad y discriminativa a favor de los grupos más vulnerables. En cambio, para el Estado Modernista-Mercadista, ( en el que estamos ahora en Chile) la equidad se entiende como acceso a la oferta escolar y los problemas se resuelven con la focalización del gasto hacia los sectores más pobres.
El problema común de la equidad con la libertad y la igualdad es decidir de dónde provienen las políticas sociales, pues en un Estado democrático los ciudadanos han delegado esa misión en el parlamento y se espera que en el nivel político se lograra el necesario consenso. Esta idea es la que domina en todos los Estados modernos y debemos estar de acuerdo en que con todas sus imperfecciones no hay un sistema político alternativo que sea mejor. Lo que interesa es incorporar en el debate a los representantes de los padres y de los educadores y no es menos importante que se logre previo a la discusión el consenso en el significado de los términos que se emplean. Se necesita democratizar el debate más que tecnificarlo. Como demuestra el profesor Nilo, las definiciones de equidad varían según la modalidad política que tenga el gobierno que esté tratando el asunto. En el área privada hay un par de ejemplos de cómo las empresas pueden ayudar a la equidad. Por ejemplo, algunas cadenas de farmacias ofrecen un descuento a las personas de más de 60 años de edad, compensando de esta forma el mayor gasto que las personas hacen en recuperar la salud. Dejando de lado otros intereses de las cadenas, hay que reconocer que la ayuda que proporcionan es una forma de compensación que podríamos llamar pseudo egoísmo altruista, pues el objetivo oculto es premiar la lealtad de los clientes mayores y obtener a la larga más ganancias. En los cines y otros espectáculos, así como en el área de turismo también encontramos esas formas de egotismo altruista que al final, resultan ser una forma de equidad en el sentido filosófico que le hemos dado en este capítulo. Un buen ejemplo también es la gran contribución que ha hecho desde hace décadas el gremio del trasporte, al llevar gratuitamente a millones de escolares y facilitar mediante el carné escolar que se otorgue pasaje rebajado a los estudiantes. Ese aporte, que es una real ayuda para los padres de menores recursos nunca ha recibido el agradecimiento que se merece, pues el gremio ha dejado de percibir muchos millones de dólares. En educación habría que propiciar la existencia de formas similares de ayuda a la equidad comprometiendo a las empresas que venden productos de los que consumen los escolares. En conclusión, equidad no es lo mismo que igualdad, pese al uso que se da como conceptos equivalentes.

SI NO HAY IGUALDAD Y TAMPOCO HAY EQUIDAD EN LA EDUCACIÓN, ¿QUÉ PROPONEMOS?
En el análisis de los términos, hemos agotado las acepciones en cuanto a justicia, igualdad, equidad y libertad. Ninguno de ellos parece acercarnos a la solución de lo que ocurre en la educación nacional. Quizás equivocamos el enfoque y por eso estamos entrampados en los aspectos semiológicos. Busquemos otro camino en la definición de lo que esperamos de la educación. Si igualar no es posible, si la equidad del Estado no es suficiente y los esfuerzos en invertir en reformas no han permitido avanzar es por que algo está equivocado.
Lo que propongo es que la educación debe homogeneizarse. Veamos por qué. El vocablo homogéneo tiene una etimología compleja. Viene del latín medieval homogeneus, del griego homogenés, de homo= mismo, parecido, igual, común. El significado es compuesto de partes semejantes en su naturaleza. Esa es la idea, hacer que la diversidad se haga semejante en sus partes; que no aumente lo que es diferente. ¿Cómo homogeneizar a la educación en general que se imparte en dos sistemas distintos –el público y el privado? Se podría llegar elevando la calidad de la enseñanza en las escuelas públicas, de manera que gradualmente se acerquen en el dominio de contenidos y de habilidades a lo que se logra en las escuelas pagadas. Buscar la igualdad absoluta es imposible; buscar lo común y lo parecido es posible y sensato si se dispone de suficiente tiempo y suficientes recursos económicos. De acuerdo con las investigaciones internacionales, los gobiernos pueden hacer mucho para, usando a la educación como una poderosa herramienta, aumentar las ventajas de los más desfavorecidos, que son los pobres en cualquier país. Veamos algunas conclusiones del Informe de Naciones Unidas sobre el Estado de la Población Mundial (2002): Diferencias en el acceso a la educación y a los niveles de enseñanza en función de
la riqueza:
En casi todos los países en desarrollo, hay diferencias entre grupos con diferente nivel de riqueza en lo que atañe a la matriculación escolar y el nivel educacional, pero las diferencias varían ampliamente de un país a otro. En casi todos los países, los niños de 6 a 14 años de edad procedentes del quintil de hogares más ricos tienen probabilidades mucho mayores de estar matriculados en la escuela que los niños del 40% de hogares más pobres.
Las diferencias entre ricos y pobres son particularmente grandes (más de 45 puntos porcentuales) en varios países del África Occidental: Benin, Burkina Faso, Malí y el Senegal; y también en Marruecos y el Pakistán. En cambio, en Kenya, Malawi, Kazajstán y Uzbekistán se registran diferencias pequeñas.
Las mediciones del nivel de educación también muestran discrepancias en función de la riqueza que varían de un país a otro. Por ejemplo, en la India la discrepancia (en este caso, en la mediana del número de años de escolarización de jóvenes de 15 a 19 años de edad) entre el quintil más rico y el 40% más pobre es de 10 años, mientras que en Tanzanía es de sólo dos años
En muchos países, la mayoría de los niños procedentes de los hogares más pobres no han recibido ninguna educación. Un estudio reciente de 35 países en el África Occidental y Central y en el Asia Meridional mostró que en 10 países, la mitad o más de los jóvenes de 15 a19 años de edad de hogares pobres nunca completaron el primer grado.
Hace mucho tiempo que se llegó a un acuerdo internacional con respecto a que la educación primaria debía ser universal a principios del siglo XXI. Las discrepancias en la asistencia a la escuela y el nivel educacional en función del nivel de riqueza entrañan que los pobres distan mucho más de alcanzar dicha meta que los demás.
Muchos países alcanzarían la meta si elevaran la matriculación entre los pobres. Por ejemplo, en Colombia, Filipinas y el Perú, más del 70% de del déficit para alcanzar la educación primaria universal corresponde a los niños pobres. Hay sólo unos pocos países en desarrollo donde los ricos no han alcanzado ya la educación primaria universal .
Diferencias en función de la escolaridad de los padres:
Muchos estudios han mostrado que la educación de los progenitores guarda relación con el nivel educacional de sus hijos y que la educación de la madre suele ser más influyente que la del padre. La mayor influencia de una madre educada en las negociaciones en el hogar puede facilitar que obtenga más recursos para sus hijos. Las madres educadas tienen más probabilidades de incorporarse a la fuerza laboral, lo cual posibilita que sufraguen algunos de los costos de la enseñanza, y tal vez esas madres se percaten mejor de las ventajas de la escolarización. Y las madres educadas, que en promedio tienen menor cantidad de hijos, pueden dedicar más atención a cada uno de los niños.
Además de tener menor cantidad de hijos, las madres educadas tienen menos probabilidades de tener alumbramientos inoportunos o no deseados. Esto repercute en la escolarización, debido a que los padres y madres pobres a menudo deben escoger cuál entre sus hijos recibirá educación. Al tener muchos hermanos y hermanas, tal vez se reduzcan las posibilidades de educación de un niño, cuando los costos son un factor aun cuando en África al Sur del Sahara las redes de familias ampliadas reducen ese efecto al distribuir los costos entre sus miembros En unos pocos países, los hijos no deseados tienen un nivel educacional notablemente más bajo que el de los hijos deseados .
El Informe tiene una posición muy crítica respecto a la situación de los países más pobres y ve con alarma que la situación no está mejorando:
Aun cuando en el último decenio aumentó sustancialmente el acceso general a la educación básica en muchos países en desarrollo, los pobres tienen aún menos posibilidades de asistir alguna vez a la escuela, menos probabilidades de estar asistiendo a la escuela y más probabilidades de repetir grados que quienes están en mejor posición económica.
La reflexión que surge ante este sombrío diagnóstico, es que la inequidad no desaparece del sistema nacional solamente confiando en aumentar el nivel de acceso a la educación, concebido como igualdad de oportunidades. Lo que hay que hacer es disminuir la brecha en la calidad de la educación ofrecida a los más desventajados.
La reforma educacional tiende en Chile como en la mayor parte de Latinoamérica, a lograr mayor eficacia, medida esta como la capacidad de la escuela para lograr cumplir con sus metas y objetivos en pos de la calidad. Para esta necesidad se requiere:
1. Profesores bien capacitados en metodologías modernas: la escuela debe ser un centro de investigación permanente de su realidad y debería tener la libertad para escoger contenidos y diseñar el plan de estudios según su experiencia.
2. Investigación en el aula y en las escuelas para determinar cómo y con qué tecnologías incrementar la calidad del aprendizaje escolar
3. Evaluación económica cuidadosa de la inversión social en educación a fin de transparentar las inversiones
4. Participación activa y comprometida de la familia en el proceso educacional de la escuela. La enseñanza de los valores y la pedagogía centrada en los valores es nuestra propuesta.
5. Actualización permanente de los conocimiento y habilidades requeridas por los cambios en la economía , la producción de bienes, la incorporación de valor agregado a esos bienes y el intercambio cultural que se está haciendo con los países desarrollados por la vía de los Tratados de Libre Comercio.
Para terminar este apartado sobre inequidad, resumamos las ideas principales:
1. La escuela emplea una ideología meritocrática, basada en que los bienes sociales, como la educación, debe proporcionar acceso a la educación y asegurar la igualdad de oportunidades, con lo cual, en teoría, disminuye la desigual distribución de los bienes sociales
2. Sin embargo, las posiciones sociales ya está determinadas de antemano, porque la sociedad es desigual y los privilegios existen y se reproducen en los hijos. 3. La inequidad se combate mediante la compensación social basada en la solidaridad, de manera tal que el Estado debe garantizar la calidad de la educación que se recibe en cualquier escuela de Chile.

lunes, 3 de diciembre de 2007

CONCIENCIA Y PEDAGOGIA

Dr. Nelson Campos Villalobos
Del latín conscientia.Es un problema crucial de la filosofía y de la psicología y que tiene una vertiente pedagógica profunda, como veremos en este análisis. El término ha tenido dos acepciones, el primero como conocimiento moral y el segundo como conocimiento de la propia mente o de los fenómenos psíquicos que ocurren en ella. Actualmente, se considera como la capacidad de conocer el mundo externo, al mismo tiempo que se conoce el mundo emocional que constituye nuestra interioridad, nuestra imagen personal, se da cuenta de lo que nos ocurre y de lo que conocemos; nos da el autoconocimiento que llamamos identidad; nos permite vivenciar el pasado como una realidad, sentir el presente y proyectarnos en el futuro, manteniendo siempre nuestra mismidad o autoidentidad. En suma, la conciencia nos permite conocer lo que ocurre en nuestra mente y quienes somos, con lo cual se une el conocimiento del ser y el mudo externo.
En toda la obra de Aristóteles no hay un término que se refiera a conciencia en el sentido que hoy le damos. Lo más cercano es el sustantivo syneidesis, con el significado de darse cuenta y que emplea apenas siete veces en toda su extensa obra. La ausencia del concepto que analizamos en la filosofía del período griego clásico se debe a que el centro de atención del pensamiento fue el objeto de la conciencia y no el proceso o fenómeno. Solamente en el periodo helenístico, cuando la cultura griega se nutre del contacto con el imperio Alejandrino y posteriormente con el romano, se abre espacio en la filosofía para el análisis de los contenidos de la conciencia, cuando se llega al concepto de humanidad y se reflexiona sobre lo que significa el ser humano. Se pasa de esa manera a la idea de que somos una especie que posee un espacio único en el cosmos y que puede reflexionar sobre sí mismo. Posteriormente, en la edad media, Santo Tomás retoma la idea con el concepto de cum-scientia, lo cual quiere decir cum alia scientia, o sea, la aplicación de la ciencia a lo que el hombre sabe o conoce. Ahora, el hombre sabe que sabe y ese proceso es lo que llamamos reflexividad. Por lo demás, con esa toma de conciencia aparece la búsqueda de la verdad, por lo que ella es posterior a la primera, puesto que para encontrar la certeza del saber es preciso lograr el saber y reflexionar sobre él. Surge un proceso de comparación entre lo que se sabe y la realidad, en un proceso epistemológico continuo.Podemos entender al fenómeno de la conciencia como un logro superior de la evolución que se da solamente en la especie homo sapiens, y que constituye parte principal del psiquismo humano, que consiste en reflejar la realidad, el lenguaje y el propio conocimiento. La pedagogía basa su tekné en lograr en el alumno la reflexividad del pensar y lograr finalmente la toma de autoconciencia de su condición de miembro de la humanidad. La imagen que viene a mi mente no es la del maestro ante el alumno mostrándole el conocimiento, sino que es la del alumno ante un espejo que refleja al mundo, al cosmos y que a su vez devuelve el reflejo del joven. Ese espejo es la pedagogía, en el cual se encuentra en forma objetivada el maestro. Al término del proceso de formación se integra la triada buscada: el ser, la conciencia y la realidad.Volviendo al término moderno, la palabra viene del latín conscientia: En su sentido general, una interioridad por la que vivimos en nuestra mente de forma intencional la realidad de lo que nos rodea y de la cual sentimos que formamos parte, que a la vez nos permite darnos cuenta de nuestra existencia y de nuestros actos. Perder la consciencia o estar inconsciente es la privación de esa luz interior. El yo es un objeto construido por los actos conscientes. En la actualidad, hay una línea de trabajo basada en las neurociencias que señala que no existe la distinción mente-cuerpo, porque la consciencia es justamente una función del cerebro que desaparece al estar este órgano en coma o privado de vida. Según ellos, Descartes cometió un error al establecer la dualidad. Existiría un continuum entre la difusa consciencia de los animales y la nuestra, porque es innegable que algunos mamíferos superiores poseen en forma limitada esa función. Kant precisa el concepto cuando afirma que en los actos de la consciencia no se refleja una objetividad autónoma existente, sino que la objetividad como tal es un constitutivo propio de su actividad. En la práctica, la conciencia constituye un saber reflejo, pues hay en ella una reflexión sobre la realidad. Descartes se sorprende a sí mismo en esa reflexión cuando se da cuenta de su existencia porque puede pensar. En cierto modo, conciencia es la capacidad de darse cuenta de la propia existencia, del entorno y de la individualidad. Si bien hay más de dos milenios de investigación filosófica sobre este fenómeno, ha persistido la idea que es una función adjudicada únicamente a nuestra especie. En realidad, en la naturaleza hay un continuo, al menos entre los mamíferos, desde una forma primitiva hasta la máxima conciencia. La investigación neuropsicológica trata de demostrar que la conciencia es una función más del cerebro humano, como puede verse en los recientes trabajos de Francis Crik, pero no hay un análisis filogenético aún que nos explique la evolución de este fenómeno tan particular. El estudio de la conciencia ha pasado desde la metafísica a la biología, la medicina y recientemente a la interciencia que llamamos neurociencia, pero es evidente que aún no se encuentra el correlato neuronal o histológico para localizarla en el tejido cerebral humano, por lo cual si revisamos los conceptos, talvez habría más éxito en la investigación tratando de determinar qué tipo de conciencia poseen los otros mamíferos, en el supuesto que ese fenómeno sea más simple en ellos. Cualquiera que tenga un perro en su casa y lo haya criado de pequeño, sabe que la vida psíquica del animal es compleja y posee muchas de nuestras habilidades cognitivas, como la memoria, la atención y la expresión de lenguaje corporal y reconocimiento de sonidos complejos y su conciencia, en mínima expresión comparada con la de su dueño, sí existe. Coincido con Vigotsky en que la conciencia es el principal fenómeno de estudio para la psicología y más aún, en que es el objeto verdadero de estudio de esa ciencia. El comportamiento humano para poder ser estudiado requiere del meta-análisis de la conciencia puesto que en él hay mucho más que procesos biológicos, como es la subjetividad, los sentimientos, los cuales no son siempre ni aprendidos ni racionales.Como ha ocurrido continuamente en la historia de la ciencia, ésta siempre ha tomado, para tener un modelo explicatorio, a alguno de los paradigmas vigentes, como cuando en el siglo XVIII se hacían analogías entre el cuerpo humano y las máquinas de la época. Ahora se asimila de alguna manera al funcionamiento cerebral –la base del fenómeno de la conciencia- con el de los computadores, incluso empleando la jerga propia de esa disciplina, con términos como como programación; inteligencia artificial; respaldo de información, etc. Todo esto solamente es una aproximación a un fenómeno que es producto de un órgano sumamente complejo, cuyo funcionamiento aún no entendemos pero que algún día lo será. El problema filosófico de la conciencia moral, por ejemplo, está lejos de ser desentrañado, porque es tan complejo como el de la conciencia psicológica. Reducir este fenómeno de enorme complejidad a un fenómeno físico, químico o biológico es un tanto simplista, si bien cada ciencia es capaz de aportar lo suyo al estudio de este fenómeno. La conciencia aún espera su Einstein que nos proporcione una teoría explicatoria.
Por último, talvez no existe una sola conciencia, sino un conjunto de conciencias que trabajan juntas. Por mi parte, puedo distinguir: conciencia del Yo (como individuo, sin connotación psicoanalítica); conciencia moral; darse cuenta de los propios contenidos de conciencia; conciencia del tiempo y del tanscurrir de la vida propia; conciencia de la existencia de los otros; conciencia de mis sentimientos y los de los demás (como en la empatía y simpatía), conciencia del lenguaje y sentido de las palabras; conciencia perceptiva, como en la visión y muchas otros tipos, pues la variedad de las facultades humanas es infinita. Por otra parte, en lo que llamamos enfermedades mentales, se observa que en algunos casos se separan estos tipos de conciencia, como también ocurre en ciertos deficientes mentales, en que sobreviven milagrosamente determinados tipos de ella en desmedro de todas las demás. Por eso propongo hablar de consciencias. La idea no es nueva, puesto que Santo Tomás expone tres tipos de conciencia: una conciencia psicológica, otra que es cognitiva y una tercera que es moral.
La reflexividad del pensamiento es el punto clave para entender el fenómeno que nos ocupa en este apartado, porque en esa línea argumental la autoconciencia es el darse cuenta de que existe esa interioridad que se capta a sí misma. En la praxis vital la reflexión es como un espejo en que se refleja la conciencia, donde se conoce a sí misma y examina sus contenidos a la luz de la realidad. Desde el punto de vista de la pedagogía de los valores, lo que importa es despertar en el niño los sentimientos que asociados a la conciencia le permitan internalizar las conductas buenas, socialmente hablando. El estudiante, a nivel de enseñanza media debe aprender que la conciencia es un conjunto de habilidades desarrolladas en la evolución y que después de cerca de 4 mil millones de años llega a su máxima expresión en el ser humano; de ella nacen, la ciencia y el arte; los derechos humanos consagran la libertad de expresión y de pensamiento, y ambos son nada menos que funciones de ella . Mientras la psicología no tenga una buena teoría sobre el origen de la conciencia y su génesis y desarrollo en la evolución, no podrá ser considerada una ciencia dura.

EL CONOCIMIENTO Y LA EDUCACION

DR. NELSON CAMPOS VILLALOBOS

Desde la filosofía, conocimiento es la unión de la potencia cognoscitiva con la cosa cognoscible; es el entendimiento de las cosas y es también el cuerpo de cosas que debe saber el individuo según su edad y su grado de educación alcanzado. Hay correlación con el término saber, pues es un conjunto de saberes adquiridos mediante la instrucción y la educación. Einstein señaló que no existe conocimiento sin experiencia.Para Aristóteles el conocer una cosa era reducirla a sus causas. Por ejemplo, conoces lo que es el Big Bang, pero no sabemos qué y por qué lo causó, es decir, ignoramos la causa última.En Kant, todo conocimiento racional es material o formal. El conocimiento racional material se va a referir siempre a objetos; mientras que el formal se ocupa únicamente de la forma del entendimiento y de sus reglas a priori. En educación podemos encontrar a lo menos cinco tipos de causas:1. Fausa formal: como los contenidos culturales2. Causa material: Como la capacidad biológica que determina el aprendizaje,3. Causa eficiente: como la asimilación ala sociedad o la transmisión cultural4. Causa instrumental: como la escuela, los computadores, los textos, los maestros.5. Causa final: la habilitación del individuo como miembro pleno de la sociedad. La rama de la filosofía que estudia el conocimiento es la gnoseología y el problema esencial sobre el que trata de reflexionar es el el relativo al alcance y validez del conocimiento. Por tanto el tema central se relaciona con la verdad de lo que se sabe y éste a su vez con la certeza que da la ciencia. Para el ilustre filósofo Mario Bunge, la ciencia intenta describir los hechos tales como son, independientemente de su valor emocional o comercial: la ciencia no poetiza los hechos ni los vende, si bien sus hazañas son una fuente de poesía y de negocios. En todos los campos, la ciencia comienza estableciendo los hechos; esto requiere curiosidad impersonal, desconfianza por la opinión prevaleciente, y sensibilidad a la novedad.Los enunciados fácticos confirmados se llaman usualmente “datos empíricos”; se obtienen con ayuda de teorías (por esquemáticas que sean) y son a su vez la materia prima de la elaboración teórica.
Otro problema se relaciona con el uso que se le da al conocimiento. Por ejemplo, el conocimiento que proporciona la ciencia no tiene problema moral alguno: se investiga por llegar a la verdad. En cambio, la técnica que aplica el conocimiento puede estar sujeto a la moral pues no dudamos en que hay conocimientos que pueden tener efectos peligrosos para la humanidad. En este contexto, los conocimientos que llevan a desentrañar la división del átomo no tienen ningún cuetionamiento moral; en cambio si se aplican para fabricar una bomba atómica para lanzarla en una ciudad sí tiene un grave problema moral adjunto. De ahí viene la teoría de la responsabilidad, magistralmente manejada por Hans Jonas, que nos habla que la del técnico es también con las generaciones venideras; es una responsabilidad de futuro. Los estudiantes, de cualquier nivel educacional, deben ser enseñados que el conocimiento humano es importante, pero debe estar acompañado de una gestión moral que debe venir no solamente de los científicos, sino que de toda la comunidad. Verdad y aplicación moral constituyen la ética del conocer. Para el educador responsable, el conocimiento científico debe integrarse con otros conceptos relacionados, como la certitud y la simple opinión, la evidencia, la duda y la fe, porque el aprendizaje se da dentro de los paradigmas en que se mueve el individu, porque éste asimila los nuevos conocimientos dentro de su entorno cultural. Hay quienes enseñan basados en un conocimiento rigurosamente adquirido y aplicado; otros hablan basados solamente en la opinión. Recordemos que ya los griegos habían creado los términos episteme, para el conocimiento verdadero y doxa para la simple opinión. El problema está en que el joven estudiante no tiene parámetros para distinguir la certeza de la incerteza; lo verdadero de lo falso y lo que está basado en la experiencia o es fruto de la opinión personal, sujeta al error. Por eso el profesor debe enseñar los criterios de verdad y cómo aplicarlos en la vida diaria, repleta de información acrítica y que requiere de la reflexión adecuada; el docente siempre sabe que el conocimiento científico trasciende a los hechos y que va más allá de ellos. Como señala Bunge, El conocimiento científico trasciende los hechos: descarta los hechos, produce nuevos hechos, y los explica. El sentido común parte de los hechos y se atiene a ellos.

SOBRE EL ESTATUTO EPISTEMOLOGICO DE LA PEDAGOGIA

DR. NELSON CAMPOS VILLALOBOS

A.-ESTATUTO EPISTEMOLOGICO Estatuto viene del latín stare, con el significado de estar en pie o estar firme, de tal manera que las palabras en estudio significarían que el conocimiento que posee o proporciona alguna ciencia tiene validez científica y se asienta en la verdad.Por lo general, se advierte un mal uso del término, debido a que se emplea al parecer porque suena como un término científico, de manera que algunos se creen con la autoridad para tratar del estatuto epistemológico. Por ejemplo, de las medicinas aborígenes. Tienen este estatuto las ciencias que se basan en el método científico, que poseen un área del conocimiento propio y que cuentan con el consenso de la comunidad científica.Las ciencias sociales no han resuelto a plenitud su estatuto epistemológico, pero tampoco podemos esperar que se estructuren a semejanza de las ciencias duras, que tienen otros objetos de estudio y no están enfrentadas a la complejidad humana. Sin embargo, también hay que esperar que en las ciencias sociales exista una rigurosidad cientfica en el tratamiento de los problemas, que sus conclusiones puedan ser validadas y que los experimentos que realizada puedan ser repetidos por otros investigadores, obteniendo similares resultados. Todo esto, además de un cuerpo de conocimientos propios y de un lenguaje preciso, son las bases del estatuto buscado.Sobre la precisión lógica y semántica del lenguaje, hay un aporte de Gadamer, quien señala que los métodos científicos son también modalidades del lenguaje que deben ser remitidos a las condiciones históricas de la enunciación. Por ello, el ideal de una racionalidad objetivante como criterio último de verdad, o sea de una racionalidad que prescinde de la historicidad, debe ser relativizado, lo que quiere decir que debe ser reconducido a las condiciones históricas del lenguaje. El psicoanálisis posee un lenguaje propio que incluso ha prestado conceptos a otras disciplinas científicas, como la psicología y la psiquiatría, pero no tiene los antecedentes de replicabilidad de sus hallazgos y sus métodos no han sido validados, por lo cual podemos decir que su estatuto epistemológico es ambiguo y que por lo mismo no se ha aplicado a la investigación educacional ni tampoco a la psicopedagógica, salvo en aspectos teóricos de escasa o nula aplicabilidad en el aula.. B.- ESTATUTO EPISTEMOLOGICO DE LAS CIENCIAS DE LA EDUCACION
En el siglo XIX se hizo algún intento por hacer coincidir los términos pedagogía con ciencia de la educación, lo cual no tiene ninguna objeción filosófica, ya que la primera tenía un estatuto epistemológico aceptado. El problema surge y aún continúa, cuando el término abarca a varias ciencias, con lo cual un estatuto epistemológico común resulta ambiguo, por la diversidad de saberes, metodologías, lenguajes y contenidos que poseen entre todas.
La discusión se centra en este apartado en determinar si las llamadas ciencias de la educación poseen un estatuto epistemológico que les permita reemplazar a la pedagogía. Como señala con agudeza el profesor Octavi Fullat en España, se trata de ver si esas ciencias tienen el estatuto, o sea, están de pié o simplemente desplomándose. Examinemos que debe reunir un estatuto epistemológico verdadero:
Un campo de estudio que sea propio
Un cuerpo de contenidos validados
Un lenguaje propio
Autonomía metodológica
Formulación de principios, teorías e hipótesis propias

Las llamadas ciencias de la educación comprenden 6 grupos o saberes tipificados, que siguiendo en parte al Dr. Octaví Fullat, son:
Ciencias formales: Matemáticas (Estadística educacional)
Ciencias empíricas o aplicadas (Biología de la educación, Higiene escolar, Educación Sanitaria
Ciencias sociales: Sociología de la educación; Historia de la educación; Economía de la educación; Psicología de la educación; Antropología educacional
Disciplinas metafísicas: Moral de la educación; Filosofía de la educación
Saberes técnicos: Organización escolar; Didáctica; computación educacional
Disciplina integradora: Filosofía de la educación
Si examinamos críticamente a estos saberes, veremos que ninguno de ellos posee un campo exclusivo de conocimientos, sino que más bien son parte de otras ciencias con estatuto epistemológico cierto, que se aplican a la educación; tampoco hay una interacción entre ellas que conduzaca a la unificación del conocimiento; por el contrario cada una, al abarcar separadamente una parte del conocimiento educacional, tiende a fragmentar el saber que aprende sin llegar a la esperada unificación conceptual de varias disciplinas tratando de estudiar el mismo fenómeno: la educación.
A diferencia de lo anterior, la pedagogía tiene un estatuto epistemológico propio y una tendencia integradora del fenómeno educacional. Al parecer, la fragmentación de los saberes que propician las ciencias de la educación no ha significado un avance, sino más bien un estancamiento que se observa claramente en la superficialidad de las investigaciones, en la escasez de productos nuevos y en la carencia de originalidad en general que se aprecia en los congresos científicos de nuestra área. Recordamos en este punto que Durkheim opinaba que eran diferentes la pedagogía y la ciencia de la educación. El argumentaba que la pedagogía busca elaborar teorías de la práctica, en cambio la segunda pretende describir, es decir, conocer y explicar la naturaleza pasada y presente de la ciencia de la educación. Examinemos otros argumentos. Si analizamos el fin de la ciencia, encontramos que es la búsqueda de la verdad per se, sin un afán técnico, o sea de aplicación del saber. Por lo mismo se dice que la ciencia carece de moral puesto que esa problemática solamente surge cuando para bien o para mal se emplean los conocimientos científicos. Por lo mismo, si las ciencias se escinden para tratar de abarcar el fenómeno del a quién, del cómo y del por qué educar, estamos en presencia de la aplicación del saber, con lo cual la búsqueda de la verdad queda en segundo plano y la técnica está en primer plano formal. Por lo mismo, las llamadas Facultades de Ciencias de la Educación no pretender ni piensan en hacer ciencia pura, sono que están tras las aplicaciones inmediatas. El objeto de esas Facultades no está en la investigación como primera obligación, sino en la formación de maestros para la escuela básica y media. Por lo mismo también no pretenden formar científicos sino maestros y así lo demustran los planes de estudio. Esas escuelas universitarias no ptretenden ni han pretendido hacer avanzar el conocimiento en cada ciencia, pues de otra manera estarían formadas por doctores y científicos de primera línea y la investigación sería su tarea principal. Pongamos los pies en la tierra: si no se tiene clara la función de las escuelas formadoras de maestros, entonces el nombre de ciencias de la educación será solamente una forma artificial de hacer subir el prestigio de la entidad. Necesitamos más episteme y menos doxa para clarificar el papel que deben cumplir las llamadas ciencias de la educación en su búsqueda de capacidad epistemológica para integrar el saber que separadamente están produciendo. Tarea que siempre estuvo claramente determinada por la filosofía de la educación y por la vieja y sabia pedagogía.

¿QUE ES LA FILOSOFÍA DE LA EDUCACION?

DR. NELSON CAMPOS VILLALOBOS

En sentido más estricto se puede hablar de filosofías de la educación puesto que los numerosos autores que han tratado el tema han creado muchos sistemas, escuelas o ideologías filosóficas claramente diferenciadas.
En un primer análisis, es la rama de la filosofía que reflexiona sobre la educación y su problemática; analiza teorías pedagógicas; efectúa la crítica de las teorías educacionales; deduce principios generales de la educación. Analiza los fines de la educación, las leyes relacionadas con la educación; estudia la epistemología de las materias sobre las cuales reflexiona; profundiza en los aspectos propios de la pedagogía, como metodologías, teorías del currículo; analiza las ideologías que subyacen en las políticas educacionales, como en la filosofía cristiana o marxista; orienta los principios, fines y métodos de la pedagogía. Estudia y establece las relaciones con las otras ciencias de la educación, como la psicología, sociología, antropología y economía de la educación. En la búsqueda de explicación del fenómeno educacional, la filosofía de la educación se relaciona con la filosofía política, la filosofía social, la filosofía antropológica y la del derecho. Algunas veces, se observa que los autores confunden la filosofía de la educación con la teoría de la educación, si bien es cierto también que muchas veces los escritos y textos han sido escritos por filósofos que no han cursado estudios específicos en educación y por lo mismo no poseen la autonomía epistemológica suficiente.
Entre las tareas de la filosofía de la educación tenemos _Investigación epistemológica.– Análisis del lenguaje educativo.– Orientación antropológica de la educación.– Fines de la educación.– Valores en educación.
_Función integradora de todos los aportes científicos a la educación
En filosofía de la educación nos hacemos preguntas tales como:


¿Qué es la libertad de enseñanza?
¿Qué es la igualdad y la igualdad de oportunidades?
¿Qué es la equidad educacional?
¿Para qué sirve la historia de la educación?
¿En qué consiste la responsabilidad de los docentes en la enseñanza?
¿Qué propósito tiene la educación? ¿Para qué educamos?
¿Qué significa exactamente la acreditación de las instituciones de enseñanza?
¿Cuáles son los fines de la educación? ¿Por qué educamos?

Dado el ámbito de trabajo de la filosofía de la educación, por los problemas particulares que trata, por la amplia tradición histórica que posee desde el inicio mismo de la filosofía, por la gran cantidad de material de investigación producido, por la jerarquía académica de esos profesionales, está claro entonces que esta disciplina posee un estatuto epistemológico propio. Lamentablemente y pese al aporte que puede hacer nuestra disciplina, ésta se imparte mal generalmente, confundiéndola con historia de la educación o teoría de la educación y lo que es más lamentable, en muy pocas facultades de educación o de las llamadas Ciencias de la Educación se le ha reservado un lugar importante; en otras numerosas facultades comparte espacio con disciplinas como la sociología y la antropologçia, y, por lo general, cuando se imparte como filosofía de la educación no es enseñada por especialistas en la disciplina.Si el lector se ha dado cuenta, tanto la pedagogía como la filosofía de la educación comparten los mismos problemas sobre los cuales reflexionar, por lo que el ámbito epistemológico es similar en la parte teórica de la pedagogía y no así en los aspectos de aplicación práctica. En otros términos, ambas disciplinas comparten la gnosia y no la praxis.

FILOSOFIA EN LA ENSEÑANZA BASICA Y MEDIA

Lamentablemente, la tendencia ha sido en las últimas tres décadas, a quitar la filosofía de los planes de estudio de enseñanza media, y también, salvo unas pocas excepciones, la norma internacional ha sido no incluirla en educación básica. Podemos argumentar que en la enseñanza básica es necesario incorporar al menos los principios de la lógica, a partir del sexto grado, como una forma de incentivar el razonamiento y empleo del pensamiento en los niños. Hay experiencias interesantes en Estados Unidos, España y México en donde se ha demostrado que la filosofía para niños es una buena herramienta pedagógica para incitar a pensar, a buscar la verdad y a incorporar en la mente infantil los principios lógicos y una actitud crítica ante las pseudociencias y ante la mentira que vemos tan a menudo en los medios de comunicación. Hasta ahora, el niño permanenece muchas horas ante el telivisor sin tener armas críticas para defenderse del engaño, los falsos valores, la superficialidad en que se muestra la vida, la violencia sin objeto alguno y los prejuicios del consumismo.En la enseñanza media, el desconocimiento de la importancia de la filosofía y del aporte que puede prestar al educando se ha debido a los propios profesores de la especialidad, que en muchas partes se han dedicado a enseñar una aburrida historia de la filosofía, con el acento puesto en la filosofía antigua, sin relación apenas con el mundo actual y con la realidad de los jóvenes y de los niños. También los profesores de filosofía -no los filósofos- han insistido en enseñar algunos conceptos de psicología en educación media, muchas veces sin el dominio científico y biológico que esa disciplina requiere.